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miércoles, junio 03, 2026

Cada 3 de junio, Argentina celebra el Día del Inmigrante Italiano.

DÍA DEL INMIGRANTE ITALIANO Y EL SUEÑO QUE DIO VIDA A VILLA REGINA.

Cada 3 de junio, Argentina celebra el Día del Inmigrante Italiano. Si bien el impacto de esta corriente migratoria se siente en todo el país, en el Alto Valle de Río Negro existe una localidad cuyo nacimiento y destino están irrevocablemente unidos a la bandera italiana.

Cada 3 de junio, Argentina homenajea a una de las corrientes migratorias más trascendentes de su historia: la italiana. Millones de hombres y mujeres llegaron al país entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX buscando oportunidades, trabajo y un futuro mejor. Su influencia quedó grabada a fuego en la cultura, la gastronomía, el idioma, la producción y las costumbres de todo el territorio nacional.

Sin embargo, existen pocas ciudades argentinas donde el aporte italiano haya sido tan determinante para su propia existencia como ocurrió en Villa Regina. Aquí, la inmigración italiana no sólo contribuyó al crecimiento de una comunidad ya establecida: fue protagonista directa de su nacimiento.

La historia de la ciudad reginense está profundamente ligada a un ambicioso proyecto de colonización agrícola impulsado por capitales argentinos e italianos, concebido para poblar y desarrollar una región que hasta entonces aparecía como una enorme promesa productiva en el norte de la Patagonia.


UN PROYECTO NACIDO ENTRE DOS CONTINENTES.

A principios del siglo XX, las obras de irrigación realizadas en el Alto Valle del Río Negro comenzaron a transformar extensas zonas semidesérticas en tierras fértiles aptas para la agricultura intensiva.

Este enorme potencial productivo despertó el interés de inversores nacionales y europeos. Fue entonces cuando surgió la Compañía Ítalo Argentina de Colonización, una iniciativa empresarial destinada a desarrollar una nueva colonia agrícola mediante la adquisición, subdivisión y comercialización de tierras.

El proyecto tenía una particularidad que lo diferenció de otros emprendimientos de la época: estaba orientado principalmente a familias italianas interesadas en adquirir parcelas productivas y establecerse definitivamente en la Patagonia argentina. Más que una operación inmobiliaria, se trató de un plan integral de poblamiento. La venta de tierras estaba acompañada por la construcción de infraestructura, el trazado urbano, la organización social y el desarrollo productivo de la futura colonia.


LA APUESTA DE CIENTOS DE FAMILIAS.

Mientras Europa atravesaba profundas transformaciones económicas y sociales, miles de italianos analizaban la posibilidad de emigrar. La propuesta que llegaba desde Argentina ofrecía algo que para muchos resultaba inalcanzable en su tierra natal: convertirse en propietarios.

La campaña de promoción desarrollada en distintas regiones de Italia tuvo una importante repercusión. Familias provenientes de Lombardía, Piamonte, Véneto, Friuli y Trentino, entre otras regiones, comenzaron a embarcarse hacia Sudamérica con la esperanza de construir una nueva vida.

Aquellos inmigrantes llegaron al Alto Valle con pocas pertenencias, pero con una sólida tradición agrícola, una cultura del esfuerzo profundamente arraigada y una enorme vocación de progreso.

Las primeras décadas no fueron sencillas. Hubo que abrir caminos, construir viviendas, desarrollar sistemas de riego, desmontar terrenos y plantar los primeros frutales. Sin embargo, el trabajo colectivo y la cooperación entre las familias permitieron consolidar rápidamente la colonia.

ORIGEN DE LOS PIONEROS REGINENSES:

Lombardía

Piamonte

Véneto

Friuli

Trentino


UNA CIUDAD PENSADA PARA LOS INMIGRANTES.

A diferencia de otros pueblos nacidos alrededor de estaciones ferroviarias o centros comerciales espontáneos, Villa Regina fue una ciudad planificada.

La fundación oficial se concretó el 7 de noviembre de 1924 y el nombre elegido no fue casual. La nueva colonia recibió la denominación de «Villa Regina» en homenaje a Regina Pacini de Alvear, esposa del presidente Marcelo T. Alvear.
Inicialmente se proyectó con el nombre de Vittorio Veneto, en honor a la histórica Batalla de Vittorio Veneto ocurrida al final de la Primera Guerra Mundial.

LOS CIMIENTOS DE UNA ECONOMÍA REGIONAL.

La historia económica de Villa Regina también está estrechamente vinculada a la inmigración italiana. Los colonos impulsaron el desarrollo de chacras productivas que, con el tiempo, se transformarían en uno de los pilares de la fruticultura del Alto Valle.

Producción principal: Manzanas y peras de exportación.

Diversificación: Viñedos y diversas producciones agrícolas.

Impacto: Creación de una economía regional con relevancia nacional e internacional.

El conocimiento agrícola aportado por los inmigrantes, combinado con las condiciones naturales de la región y las obras de irrigación, permitió convertir un territorio prácticamente despoblado en una zona de intensa actividad económica. La prosperidad de las chacras impulsó posteriormente el crecimiento comercial, industrial y de servicios, generando las bases sobre las cuales se desarrolló la ciudad moderna.


UNA CIUDAD PENSADA PARA LOS INMIGRANTES.

A diferencia de otros pueblos nacidos alrededor de estaciones ferroviarias o centros comerciales espontáneos, Villa Regina fue una ciudad planificada.

La fundación oficial se concretó el 7 de noviembre de 1924 y el nombre elegido no fue casual. La nueva colonia recibió la denominación de «Villa Regina» en homenaje a Elena de Montenegro, reina consorte de Italia y esposa del rey Víctor Manuel III. Esta decisión reflejaba el fuerte vínculo que existía entre la colonia naciente y el país de origen de la mayoría de sus pobladores. Ese lazo cultural se manifestó desde el comienzo en las instituciones, las costumbres familiares, las celebraciones religiosas y la vida comunitaria que fueron construyendo los colonos.

LOS CIMIENTOS DE UNA ECONOMÍA REGIONAL.

La historia económica de Villa Regina también está estrechamente vinculada a la inmigración italiana. Los colonos impulsaron el desarrollo de chacras productivas que, con el tiempo, se transformarían en uno de los pilares de la fruticultura del Alto Valle.

Producción principal: Manzanas y peras de exportación.

Diversificación: Viñedos y diversas producciones agrícolas.

Impacto: Creación de una economía regional con relevancia nacional e internacional.

El conocimiento agrícola aportado por los inmigrantes, combinado con las condiciones naturales de la región y las obras de irrigación, permitió convertir un territorio prácticamente despoblado en una zona de intensa actividad económica. La prosperidad de las chacras impulsó posteriormente el crecimiento comercial, industrial y de servicios, generando las bases sobre las cuales se desarrolló la ciudad moderna.

Publicado en INFOREGINA.

https://inforegina.com.ar/noticias/dia-del-inmigrante-italiano-y-el-sueno-que-dio-vida-a-villa-regina/

Se publica en ¡BIEN DE REGINA!

También en NOTICIAS EL REGINENSE y MEMORIA REGINENSE.


sábado, noviembre 08, 2025

Pacini, Bonoli y Gardín, puntales en la historia de Regina.

La Parroquia reginense, “Nuestra Señora del Rosario”, en proceso aún de construcción. Foto: Archivo Diario Rio Negro.
Pacini, Bonoli y Gardín, puntales en la historia de Regina.

Los primeros pasos que dio la ciudad que conocemos hoy fueron el resultado de las voluntades que se cruzaron en el Alto Valle. El Archivo Salesiano, el custodio de recuerdos en primera persona.

Por Melina Ortiz Campos.

Villa Regina, la ciudad atravesada por los nombres de dos primeras damas, la ciudad que surgió del sueño de un ingeniero que no pudo ver su obra terminada. El pueblo que se organizó como colonia italiana pero que con el tiempo cobijó a familias de los orígenes más diversos. A un año de su centenario, sigue en sus calles el honor de la herencia histórica recibida en el traspaso generacional y la identidad que miles de familias construyeron juntas.

El Museo local, en diálogo con Diario RÍO NEGRO, contó en un informe especial de archivo que Felipe Bonoli, cuyo nombre bautizó a esa institución, fue ese yerno que supo concretar el anhelo de su maestro y suegro, nada menos que el ingeniero César Cipolletti, el mismo que diseñó y proyectó la inmensa obra del dique Ballester a partir de su “estudio general de la regulación de los ríos Negro, Limay y Neuquén”.

Después de terminar la misión que el Estado argentino le había encomendado, para sugerir la mejor solución a las crecidas, el padre del riego valletano había vuelto a Italia, pero se le pidió que regresara a la Patagonia para hacer realidad la obra. Fue en ese trayecto que murió, a bordo del barco que lo ayudaba a cruzar el océano.

Casado con Benedicta, la hija de Cipolletti, Bonoli logró entonces, a través de un funcionario amigo de su pariente político, contactar a la viuda y a los hijos de Manuel Zorrilla, el dueño de 15 mil hectáreas en la región, que recibió tras el despojo y reparto posterior a la Conquista del Desierto. A estos sucesores fue a quienes les pudo comprar las tierras, que se convirtieron en la base para organizar lo que hoy es “la Perla del Valle”.

En honor a dos mujeres.

Protagonistas: Bonoli, Gardín y Regina Pacini. Fotos: Archivo Diario RN | Gentileza.

Pacini era el apellido de la cantante lírica, esposa del presidente Marcelo T. de Alvear, cuyo nombre fue elegido para denominar a ese poblado que se organizó en torno a los cultivos de la Compañía Ítalo Argentina. Y es que fue la firma de ese mandatario la que refrendó el decreto que necesitaba la empresa de Colonización, para formalizar los primeros pasos en esta parte de la historia, el 7 de noviembre de 1924.

Si bien tras la muerte de Eva Duarte en 1952, Regina también llevó por un tiempo esa denominación, finalmente el legado de la artista portuguesa fue el que terminó perpetuándose. A partir del documento oficial de 1924, debieron pasar cuatro años más para que la estación del Ferrocarril quedara establecida en el kilómetro 1106, abriendo una vía de comunicación directa con las grandes ciudades.

Vista al pasado: “El aspecto de la calle que conduce a la estación”,
dice el registro de RÍO NEGRO.

Pero así como Regina Pacini dejó su huella y legado en la lejana Buenos Aires, en la Casa del Teatro, que hoy aloja a los artistas jubilados que no logran cubrir sus necesidades económicas y de cuidado, en Río Negro también brindó su aporte en instituciones y en un edificación que locales y visitantes pueden ver aún hoy a la vera de la ruta de ingreso a la ciudad: la parroquia “Nuestra Señora del Rosario”.

La madrina del coro de Círculo Italiano también integró, como muchas mujeres de su época, una comisión de Damas (Italianas en este caso), que recaudó fondos para el templo, con un evento en el porteño Teatro “Cervantes”, en 1926. El 4 de abril de ese año se bendijo a la construcción religiosa y se colocó la piedra fundamental de la estructura, que fue declarada monumento en 2014. 99 años después sigue deslumbrando a creyentes y no tanto con su belleza.

“Que el cura los ayude”.

Foto: Archivo Diario Río Negro.

Ubicada en la esquina de Av. Cipolletti y Artémides Zatti, la iglesia fue recibida, con intervención de la Compañía Ítalo Argentina, por la congregación salesiana, dicen los registros, en noviembre de 1927. Habilitada en febrero de 1928, la incipiente capilla recibió en ese año como párroco al sacerdote Marcelo Gardin, enviado desde Fortín Mercedes, que no sólo se abocó a la guía en la fe de los habitantes de la zona. “Por obediencia debo ocuparme también de los inmigrantes en su aspecto social. Es obra buena porque me fue mandada y prometo hacer lo que pueda a pesar de inevitables disgustos”, lo citó su colega Oscar Barreto en su libro llamado “En las trincheras de Dios” (1985).

Según este autor, Gardín “hizo muchas cosas sin poder evitar algunas situaciones límite, porque la figura y la presencia de ese sacerdote italiano iba adquiriendo perfiles de consejero y de líder, y en muchas ocasiones la cúpula de la Compañía Colonizadora, o no querían hacer nada en favor de los inmigrantes necesitados o porque querían ponerlo a prueba al padre Gardín, se sacaban de encima las responsabilidades con un “Andate dal prete”, que con el acento de entonces equivalía a decirles: “Que el cura los ayude”.

Gardín y la primer etapa de construcción de la iglesia reginense. Foto: Blog Bien de Regina.

El religioso friulano “era voz de los que no tenían voz y disponía de una capacidad intelectual y de un ascendiente moral, como para salir por los fueros de sus hermanos, los inmigrantes”, aseguró Barreto.

Por su parte, según rescató el Archivo Salesiano en su libro de anécdotas por los 150 años de trayectoria, el propio cura contó sus experiencias en un diario, de esta manera: “Primera misa el 2 de febrero de 1928. Yo y el altar, solamente. Vida nueva, dificultosa, aventurera, espinosa y difícil como yo lo había soñado. Existía la capilla fabricada por la Compañía Colonizadora, con altar y un cuadro mural. La casita era una cocinita de dos y medio por dos y un dormitorio de cuatro por cuatro, que servía de oficina y comunicaba con la sacristía y la iglesia. Todo lo demás: confesionario, ocho bancos con respaldo, cuatro banquitos sin respaldo, dos candelabros de siete velas, una cama de hierro blanco sin almohada”.

La vista de Regina a fines de los años ’20, desde la Estación de tren. Foto: Archivo Diario Río Negro.

Al hablar del panorama social que se encontró en la Colonia, dijo: “para entonces había pocas familias constituidas. Los hombres vivían y trabajaban solos y preparaban el ambiente para poder traer sus familias desde Italia. Ante dificultades y trabas que se ponían a los colonos, empezaron los descontentos, reuniones, murmuraciones y protestas que llegaban, muchas veces, hasta mi despacho. Vinieron años duros. Se sufría la mala comercialización de los primeros productos. Por los años treinta se acentuó aún más la pobreza, hasta la miseria. Yo daba vueltas para buscar alivios”, dijo. “Una vez fui hasta Viedma, capital de Río Negro, y en la gobernación se me rieron en la cara cuando expuse la dura situación de muchos”, concluyó.

Con los años, en 1937, Gardín seguiría su labor en la distante Chos Malal, donde hoy descansan sus restos y su lápida dice en latín: “Vino el hijo del hombre, Marcello Pio Gardin y resucitó el 27-2-1978. No está aquí”.

En la comunidad que creció al pie de la barda, se sabe que los dos primeros nacimientos que se registraron permitieron la llegada al mundo de dos niñas, el 28 y 29 de mayo de 1925. Ambas recibieron el nombre de la mujer que hoy identifica a la localidad frente a todos sus vecinos: fueron anotadas como Regina Fabro y Regina Galleta, respectivamente.

El último descanso del padre Gardín, en Chos Malal.

* Por Melina Ortiz Campos.

*** Publicado en suplemento 101º Aniversario de Villa Regina del Diario Río Negro.

https://www.rionegro.com.ar/sociedad/pacini-bonoli-y-gardin-puntales-en-la-historia-de-regina/

Publicado en ¡BIEN DE REGINA!.